Yolixpa: un brebaje mágico

Por Sergio Pineda Lozano

El pueblo

Las diez de la mañana. El mercado artesanal del pueblo de Cuetzalan está muy tranquilo. Ubicado al sureste del mismo, algunos habitantes se dedican a vender collares y aretes hechos con semillas de flores endémicas de Cuetzalan; otros más a vender telares con diseños que van desde lo más simple, combinando un par de colores, hasta los más complicados, que llevan más de cuatro colores, siendo éstos creaciones de la imaginación y de la destreza.

Los telares, las artesanías, unas cuantas hierbas para hacer té y/o para sanar males, dependiendo del caso, o bien el yolixpa, el vino del pueblo y costumbre tradicional en la región, son cosas apreciadas y comercializadas en Cuetzalan.

Dentro del llamado “pueblo mágico”, aproximadamente en su zona sureste se encuentra un mercado no muy grande. De paredes entintadas con color café, piso de azulejos color arena y las puertas de locales hechas de madera, le dan un aspecto de nuevo y recién hecho aunque ya tenga algunos años.

Antes de entrar, sobre la puerta principal, hay un letrero de madera, tallado y bien hecho, en el cual se puede leer la leyenda “Mercado de artesanías”.

Al centro, un pequeño restaurante se diferencia de los demás locales debido a que no está “encerrado” en cuatro paredes, si no, está al aire libre. Sillas y mesas en el patio acompañan a una humilde cocina, relativamente pequeña comparada con las cocinas de algún restaurante importante de la ciudad. Ahí se preparan comidas típicas como la cecina ahumada con tlayoyos, los primos lejanos de los tlacoyos de la zona metropolitana.

Siendo el único lugar donde se puede comer en el mercado, no encaja con los demás locales: pequeños, con piso de cemento, paredes blancas y con espacio suficiente para exponer los productos que se venden.

Cerca de la entrada, a unos cuatro o cinco locales de ésta, se encontraba un local muy distinguido y diferente. Esta distinción era notable por un sólo hecho: de toda la plaza, era el único que vendía la bebida tradicional de Cuetzalan: el yolixpa.

La dueña del local, una señora modesta, quien comparte un segundo local con su hijo, se dedica a vender la bebida curativa. Ella misma lo fabrica; tanto su mamá como su abuela le enseñaron cómo hacerlo.

Yolixpa: su producción

Compuesto por 23 hierbas, algunas endémicas y otras más comunes, algunas se encuentran en el mismo pueblo, otras se encargan y se traen de afuera, algunas baratas, otras caras. No importa cuáles sean, se trata de ponerlas a hervir en agua:

-¿Para qué? —Para que suelten su sabor, su aroma, su esencia —responde un señor que ofrece sus botellas de yolixpa desde la puerta de su casa.

Una vez hervidas, las hierbas se depositan en agua purificada. Por otra parte, se prepara el aguardiente, el cual funciona como conservador de la bebida y le da ese toque fuerte y raspa-garganta al brebaje . La caducidad del yolixpa está determinada por el aguardiente. Conforme se va añejando, los niveles de alcohol bajan hasta llegar al punto donde se hace agua. Llegado a este punto, no es recomendable consumirlo.

Obtenidos los dos líquidos con diferentes tonalidades, se procede a la fase de mezclado. Tanto el licor como el agua que contiene los extractos curativos de las hierbas se mezclan para formar una bebida fuerte pero con un sabor especial.

En el pueblo, sólo hay dos tipos de yolixpa: el natural y de sabor. Estos dos se pueden clasificar en otro par de tipos más: sin endulzar y el endulzado.

El yolixpa natural sólo lleva el líquido de las hierbas hervidas, sin endulzantes ni colorantes, y toma un color verde bandera. Este tipo del brebaje está dirigido a la población que sufre de diabetes, por lo que no contiene dulce.


(Foto: Sergio Pineda)

En cambio, al yolixpa endulzado, aparte del brebaje etílico y el dulce , se le agrega un saborizante de origen natural y le dan otro color. Los endulzantes más comunes son el melado de panela, el piloncillo de panela o la panela de marqueta, que son derivados de la miel; asimismo, la misma miel sirve como endulzante.

Los de sabores son diversos. Van desde café, naranja, maracuyá, o si lo prefiere natural pero con miel o bien, uno de coco para que lo disfrute el paladar.

Tanto sus sabores como sus colores son vistosos y son atractivos e incitan a probarlos.


Para usos medicinales y demás

El vino regional del poblado de Cuetzalan en el estado de Puebla, no sólo se utiliza para deleitar el paladar con un poco de alcohol, también es utilizado para diferentes enfermedades.

Gracias a su alto contenido de alcohol, que ronda entre los 30 y 40 grados, sirve como digestivo para después de la comida. Esta bebida regional no se acompaña con algún platillo en específico como normalmente lo haría un vino tinto.

Tampoco es estricto que se beba en “ocasiones especiales” como ferias, cumpleaños, fiestas de pueblo, reuniones entre amigos. Su consumo depende del gusto de cada persona y de la necesidad que se tenga para beberlo.

Como “medicamento”, se puede utilizar para combatir el resfriado y el cuerpo cortado: un vasito antes de ir a dormir para que haga efecto durante la noche y a la mañana siguiente, ¡como nuevo!

Otro de sus usos medicinales es para curar el espanto. Según las tradiciones del pueblo, cuando un niño se cae y se pega muy fuerte, se dice que su espíritu se le “cae” y se queda atrapado en el lugar donde ocurrió el accidente. Entonces se le da un vasito de yolixpa y aparte, unas “paladeadas” y con esto se le quita el susto.

Dichas paladeadas se hacen introduciendo el dedo índice a la boca y con él se le mueve la campanilla al pequeño. Según sus tradiciones, cuando ocurre el susto, el niño deja de comer debido a que su campanilla se le va hacia atrás, entonces, lo ponen de cabeza y con ayuda del dedo índice se la acomodan.

Además de esto, el brebaje regional de Cuetzalan puede ser tomado por las mujeres que se encuentran en el periodo menstrual, ya que sirve como relajante muscular y entre la variedad de hierbas, algunas son exclusivas para combatir el dolor en cualquier zona del cuerpo. También sirve para controlar la tos y detener el dolor de garganta.


¡Ya se hace tarde!, ¡ya vámonos!

Caminando por el pueblo no se ven muchos locales con el brebaje mágico. Siendo una bebida regional y endémica de Cuetzalan, es raro ver que no en todos lados se encuentre en venta. Del mercado a la iglesia del pueblo sólo se veían tres locales con letreros anunciándolo.

Se hacía tarde, estaba a punto de llover y, en el pueblo, cuando llueve, no se pone bonito ni se pasa “al ratito”, dura, la lluvia dura y el frío cala. Aun con suéter y chamarra, el frío se siente de manera intensa. El hotel es lo más seguro en esos momentos…

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