Semiótica y cultura

Por Regina Moreno

Para todos aquellos que se han preguntado de qué sirve la semiótica en los estudios de comunicación y su implicación con la sociedad, este texto responde algunas de las inquietudes más comunes entre las personas que inclinan su bandera hacia el eje del lenguaje, así como aquellas que se muestran curiosas por las particularidades de la cultura indígena de nuestro país.

Es preciso decir que la semiótica es una ciencia de interpretación que estudia los signos no lingüísticos y busca todo el tiempo establecer leyes generales para determinados sistemas de signos; se encuentra en constante búsqueda de sentido en las significaciones complejas de la vida social. Por lo tanto, un sistema de signos puede ser cualquier dimensión social que se tome en consideración para estructurarlo en un gran sintagma, el cual está determinado y constituido por una serie de paradigmas que a su vez, implican signos.

La pertinencia de los signos dentro del sintagma es muy importante, ya que existen signos específicos para determinar dicho sintagma y así comprobar que verdaderamente esos elementos constitutivos de un sistema producen sentido. A todas estas explicaciones acerca de la vida social de los signos, se le puede agregar un factor de complejidad cuando se intenta aplicar a un caso tomado de la realidad y no sólo teorizar acerca de su importancia; el presente artículo tratará de explicar fenómenos, situaciones y problemas sociales por medio de la herramienta de interpretación más importante: la semiótica.

Cuetzalan del Progreso, Puebla es un municipio ubicado en la sierra norte del estado y se caracteriza por ser uno de los lugares en los que se concentra gran parte de la población indígena de Puebla. La principal actividad económica es el turismo, así como el cultivo de café y pimienta, entre otros rubros referentes a servicios. En cuanto a arquitectura, la proporción y el arte vernáculo hicieron del lugar una ciudad perdida en la inmensidad del bosque, las casas y las calles guardan aún el muy utilizado “calor de pueblo”, dándole un toque diferente a cualquier otra cabecera municipal, un lugar bello sin lugar a duda.

El municipio está dividido en 8 juntas auxiliares o comunidades:

• San Miguel Tzinacapan

• Reyes Hogdan

• Santiago Yalcuitlalpan

• Zacatipan

• Xocoyolo

• San Andrés

• Xiloxochico

• Yohualichan

De estas comunidades, son las más alejadas en donde se encuentra la mayor parte de la población indígena; es donde más se preservan las tradiciones aborígenes por el poco contacto que se tiene con la cabecera municipal. La principal problemática cultural es el hecho de que se están perdiendo las tradiciones indígenas que antes caracterizaban al pueblo, para luego transformarse en actividades de orden comercial y laboral. Esto puede notarse con mayor certeza los fines de semana en la plaza central al descubrir que la mayoría de los vendedores indígenas que ofrecen sus productos no viven en Cuetzalan, sino en las comunidades aledañas a la cabecera municipal, debido a que el campo ya no es tan sustentable como solía ser y orilla a la gente a hacer otro tipo de actividades económicas para su sustento.

Esta reflexión viaja a un terreno en el que surge una pregunta acerca de la identidad cultural, por qué se han perdido las costumbres y cuáles son los factores que vinculan a la población de Cuetzalan con sus raíces. Una plática con Jesús González Galicia, quien en 2002 fungió como presidente municipal de Cuetzalan, hizo un tanto certera la hipótesis de que la penetración de factores externos como la globalización, la tecnología y los principales medios de comunicación, así como la construcción de carreteras, implica que la cabecera municipal tenga mayor población mestiza y se encuentren menos elementos y costumbres típicas indígenas. Esto da como resultado el poco interés de la población mestiza por conservar aquellas raíces que hacen a Cuetzalan un municipio lleno de cultura; la educación, la radio, cuestiones laborales y entre otros rubros clarifican esta transformación de identidad cultural por imitación a lo que hay en las construcciones urbanas, las cuales son el referente más cercano.

Sin embargo, las ONG’s vinculadas a la preservación de la cultura indígena han hecho su labor respecto a las prioridades de estas personas, organizando cooperativas en los alrededores de Cuetzalan para atraer la atención del turismo hacia sus valiosos centros vacacionales.

Si tomamos la identidad cultural de la población indígena de Cuetzalan como un gran sintagma, forzosamente habrá que identificar cuáles son los signos que denotan su condición de sintagma por medio de paradigmas. En este caso, los paradigmas son aquellas cosas o actividades con las que la gente se identifica más, qué costumbres hacen pensar a la gente que es indígena. Uno de éstos es la gastronomía, pues es una tradición que se ha practicado de generación en generación y ha re-semantizado su uso en las comunidades, es decir, las nuevas generaciones se apropian de la cultura pasada y la aplican a la actualidad con nuevos instrumentos e ideas, tal vez ingredientes, pero sin perder la tradición. La gastronomía indígena tradicional de Cuetzalan no sólo implica los platillos típicos, sino todo el proceso con el que se obtienen los elementos para preparar la comida.

Victoria Contreras es una mujer indígena, trabaja en el hotel Taselotzin, ubicado en las afueras del centro de Cuetzalan. El lugar es una cooperativa donde las principales actividades son la medicina tradicional, el temazcal y los masajes relajantes, así como la cocina tradicional; ha trabajado en el mismo lugar los últimos 12 años encargada del área del restaurante. Cuando se le preguntó qué era lo que más disfrutaba de cocinar dijo que el hecho de saber que a alguien más le agrada su comida la hacía sentir feliz y que en general, cocinar es una de las cosas que más disfruta. Su pasatiempo favorito es bordar, ella misma teje su ropa y elabora las joyas que utilizan las mujeres, así como los peinados típicos. Su lengua materna es el Náhuatl y explicó que a todas las generaciones de niños que han pasado por su familia se les ha inculcado el idioma con el afán de que no se pierda la costumbre.

El restaurante Ticoteno, ubicado en la zona arqueológica de Yohualichan es conocido como el centro gastronómico y artesanal náhuatl más importante, ya que mientras se prepara la comida está otro grupo de mujeres que se dedica a bordar y producir artesanías de muy alta calidad, ya que el origen de las telas es natural. En este lugar fue cuando se reafirmó que la gastronomía es un signo de identidad para los indígenas, ya que una señora se acercó a platicar cómo funcionaba el restaurante, desde el cultivo natural de los frijoles, la manteca de cerdo, el maíz, cilantro, xocoyoli, hongos, quelites, pimienta, y lo que esto representaba para ellos. Es un signo sin duda, porque si se aplicara la prueba de conmutación, que consiste en cambiar un significante por otro y ver si cambia la significación, es decir, la estructura profunda del signo, al quitar la gastronomía del sintagma identidad cultural indígena, éste perdería totalmente su significado y ya no podría tomarse como identidad cultural, sería otro signo, o bien, un objeto.

Entre otras cuestiones culturales, fue posible establecer un contacto con un profesor de secundaria, Pablo Huerta, quien fue uno de los principales informantes al explicarnos la situación sociocultural que enfrenta la juventud de Cuetzalan. El 80% de los jóvenes de su clase son indígenas provenientes de las comunidades cercanas al centro, lo cual quiere decir que la educación en las zonas rurales es sumamente deficiente y se centraliza en un solo lugar. Por otra parte, habló del poco interés que muestran los alumnos por conocer la historia de su pueblo, del mestizaje y de las costumbres que sus padres les inculcan pero que a ellos ya no les llama la atención.

Los principales distractores de la juventud son la televisión, las estaciones de radio que no son de Cuetzalan (como la radio comunitaria), los videojuegos y cualquier cosa que tenga que ver con un mundo fuera de su pueblo. Otro dato importante que se consiguió fue que las comunidades que están más alejadas del centro son las que aún conservan su esencia indígena casi al 100%. Todos van a pie, cultivan sus vegetales sin fertilizantes, preparan el nixtamal para hacer tortillas, acarrean el agua en pozos por medio de canaletas, confeccionan su vestimenta, entre muchas otras cosas que el mestizo ha olvidado e intercambiado por la inmediatez de las cosas.

Podría decirse entonces, que el paradigma más sólido de identidad de la población indígena en estas comunidades es la gastronomía, por el largo proceso que implica y la dedicación y disfrute de esta actividad, así como la variedad de formas en que se preparan los platillos. En un segundo plano, pero no por ello menos importante, se encuentran las artesanías, que dan vida a los sentimientos y condiciones del indígena, pero que en los últimos años ha sido uno de los principales productos con los que comercian para su sustento, lo cual puede tener perspectivas tanto positivas como negativas. Y el último que tal vez sea el más arraigado pero a la vez el que se perdería con mayor facilidad es el náhuatl, es el idioma del indígena casi poético que utilizan sólo para comunicarse con su gente, para lo demás está el español, entonces se vuelve un signo de identidad muy fuerte.

Para comprobar que cada uno de los paradigmas mencionados son en realidad signos, basta con entender e identificar el valor simbólico que tienen para sus usuarios. Más sencillo aún es imaginar que si quitamos uno de esos tres elementos constitutivos, la definición y el significado cambia totalmente, un indígena ya no sería un indígena, tal vez sería una persona que aprendió a hablar náhuatl y que conoce cómo bordar, pero todo el bagaje que hay detrás de ese poder simbólico que tienen las comunidades indígenas no es cosa de todos los días.

Mercia Eliade, en su libro Mito y Realidad, construye todo un sistema de simbolismos alrededor del mito, el cual consiste en ver las tradiciones, costumbres, hechos sociales, hechos históricos y obras de arte con la estructura tradicional del mito. En donde, éste funciona como una gran espiral que no se sabe con certeza dónde inicia, pero tiene la característica de ser una secuencia cíclica en la que en algún momento volverá al lugar de inicio. Esto da paso a otro concepto que por su parte acuñó Levi-Strauss como eficacia simbólica. Mucho de la cultura indígena está construido de esta forma, ya que la religión y la adoración por los dioses de su propia cultura, han trascendido a lo largo de los años y puede ser que otros factores sociales están haciendo que se aminore la población indígena, pero las creencias siguen vivas. Esto es un ejemplo de eficacia simbólica muy fuerte, es la resemantización de la cultura y del significado que tienen las costumbres.

Por último cabe hacer público el valor que tienen este tipo de lugares totalmente alejados de la vida urbana que llevamos día con día, el valor de hacer amistad y conocer la vida de personas que viven en un contexto social totalmente diferente al de la inmediatez de las cosas, de la prisa y el ansia de querer siempre algo más. Las comunidades indígenas son parte de la identidad nacional mexicana, son el reflejo de nuestros antepasados y de la cultura mágica que desafortunadamente es cada día más difícil encontrar en cualquier parte.

La importancia de unir la semiótica con los procesos comunicativos es precisamente la de encontrar un enfoque distinto al que siempre se hace cuando se analiza a un sistema social. La importancia de los significados, de la esencia de las personas y de ir más allá de la encuesta hace valioso el trabajo del semiólogo que confronta la teoría con la realidad. La sociedad es una unidad de significado que incluye múltiples connotaciones y mundos posibles, para las cuales es preciso conocer las herramientas y los enfoques para no ser tomados por sorpresa.


(Foto: Regina Moreno)

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