Magia cruzada en Cuetzalan

Por Yadira García Leyva

Las estadísticas aseguran que el desarrollo económico de Cuetzalan del Progreso está hasta en su nombre, pero ¿qué hay de las tradiciones: se desarrollan o se congelan?

A pesar de que está de vacaciones, la rutina de Mariana de 14 años de edad, sigue siendo levantarse temprano, aunque la neblina no permita la salida del sol ni en la mañana ni a ningún otra hora del día, para “irse directito” al centro Cuetzalan del Progreso que está a un par de horas de su pueblo en la Sierra Norte de Puebla.

Se pone un pantalón deportivo que ya le queda arriba de los tobillos, en juego con una sudadera y unas sandalias de plástico; toma los collares moteados, rojos, negros y cafés que una noche antes su mamá le preparó para la venta del día que ella está dispuesta hacer con tal de ayudar un poco a su familia, en especial a su madre, que “es la que paga sus estudios” dice Mariana.

Por su parte la Secretaría de Turismo (SECTUR) se preocupó porque el municipio de Cuetzalan, y otros 31 lugares más, cumplieran con el requisito de no ubicarse a más de dos horas de distancia vía terrestre del mercado emisor más próximo para comodidad de los turistas, y de que contaran al menos con una población base de 20,000 habitantes que pudieran sustentar el turismo en la región. Mariana no es parte de ellos, pero aprovecha el crecimiento de la afluencia turística que se ha generado desde el 2002, fecha en que fue aceptado Cuetzalan dentro del programa Pueblos Mágicos.

Y a pesar de que gran parte de la población del municipio y de los lugares cercanos dependen en gran medida del sector terciario (en segundo lugar después del trabajo agropecuario según el censo de población realizado en el año 2000 por el INEGI), y que incluso los 24 millones de pesos invertidos en el municipio han detonado un promedio de 104 millones de turistas, haciendo del caso de Cuetzalan uno de los más exitosos Pueblos Mágicos, Mariana no conoce el término que incitó a la turista a visitar un Pueblo Mágico pero que ahora observa los collares que insistentemente Mariana le ofrece.

Eran las cinco de la tarde y la brisa de la neblina no cesaba ni ante el atrio del altar a San Francisco Cuetzalan, por eso Mariana se refugia un momento en la entrada. En el interior, el sacristán de la iglesia procura la conservación de los rituales en la medida de lo posible. Acepta que el crecimiento de la afluencia de turismo ha traído progreso económico al lugar, pero dice “eso no ha ayudado mucho al pueblo”. Ahora se hacen las cosas por conveniencia, dice regresando la mirada a sus pies agrietados por los huaraches que casi no le cubren los pies, y explica que en vez de que las tradiciones del pueblo se hagan por convicción ahora se hacen por interés. Por ejemplo, los bailables que se hacían en octubre cada año para la festividad del Santo patrón, buscan sin pensarlo el patrocinio, cuando antes, recuerda con nostalgia el sacristán Roberto Villa Huerta, cada uno nos preocupábamos por conseguir nuestros vestuarios idóneos para la fiesta.

Además, Roberto es una de las personas que se siente limitado en la ejecución de sus tradiciones por el reglamento que el ser Pueblo Mágico implica, asegura que ya no les permiten ni echar fuegos pirotécnicos en la “mera fiesta… ya ni se siente como fiesta pues”; y resignado admite que como esa se han perdido muchas costumbres.

Desde joven, José Santiago Ramos es parte de la organización de bailadores denominados “negritos”. Cuando inició sólo le preocupaba conseguir su traje y preparar el baile que rendiría culto a San Francisco. Pero hoy, si algún turista le solicita un traje, no duda en vender el suyo en unos mil quinientos pesos: pantalón negro bordado a mano, una camisola en satín amarilla, y un sobrero delicadamente decorado con flores de aluminio de colores, un espejo redondo al frente, un resplandor blanco que simula un penacho, con flecos negros que cuelgan debajo del sobrero dejando ver apenas la punta de la nariz y la barbilla; traje que al Señor Santiago le ha costado aproximadamente mil pesos.

De la venta de sus trajes y sombreros Roberto obtiene ingresos ocasionalmente, porque él realmente aporta al gasto de la casa gracias a su trabajo en el cafetal. Sin embargo, su hija Susana discretamente confiesa que quien más ingresos aporta es su madre, la artesana María de Jesús Bonifacio. Ella, a los 30 años aprendió de manos de otras artesanas a hacer telar de cintura, pero “fue apenas hace unos 5 años que me di cuenta que se vendía más y empecé a vender”, asegura.


(Foto: Yadira García)

Los precios de lo que puede hacer con el telar de cintura, dice pueden varían mucho, y no precisamente por las horas de trabajo invertidas, ha aprendido que depende de la procedencia del turista, “si viene de Estados Unidos paga mejor”, algo que normalmente vendería en 40 pesos puede venderlo hasta en 150.

Consecuencia de que otro de los requisitos como pueblo mágico es procurar el desarrollo de los servicios suficientes para la estancia de los turistas, el gobierno municipal ha otorgado concesiones hasta la saturación de los principales corredores del centro de Cuetzalan, de los cuales disfruta Susana porque propicia la convivencia con sus amigas de la escuela y del ciberespacio; ayuda rápidamente a su madre a terminar un telar porque “quiero ir un rato a las computadoras” dice con una sonrisa inevitable.

Parte de los que han recibido facilidades para el establecimiento de su comercio, es la familia del maestro de primaria Javier Alvarado Mora. Ellos tienen un negocio de ropa. Frente a él pasa Susana tan sólo observando, un joven delgado de tez morena pregunta por el precio de una sudadera, y al respecto nos dice el maestro Javier que quienes suelen comprar más son ciertamente los turistas, afluencia que desde su percepción ha aumentado desde hace unos nueve años.

Al maestro de la escuela primaria José María Gutiérrez le ha gustado la reciente visión del pueblo hacia el turismo que quizá se ha tomado a partir de que se nombró Pueblo Mágico a Cuetzalan, porque se empieza a sacarle provecho como centro turístico. Por ejemplo, “nos exigen que mantengamos las fachadas bonitas… lo que a la gente le gusta, las ve, se toman fotos, por eso tratamos de conservar”. En la escuela en la que imparte clases incluso “han puesto un palo pequeño para que los niños practiquen como voladores”; además, “mis alumnos de tercero de primaria se sienten orgullosos de que Cuetzalan aparezca en el libro de texto” producto de su fama turística.

No sólo nota que el nombramiento de Cuetzalan como Pueblo Mágico ha beneficiado económicamente al lugar sino que a partir de ello define lo mágico que puede resultar el municipio por “su atractivo fuera de lo normal, por su belleza natural… belleza que le gusta a la gente y que los que estamos aquí no lo notamos”.

Aunque también reconoce la falta de administración, cree que debería haber más botes de basura, más apoyo a la cultura en programas para su fomento o en más letreros que promocionen a Cuetzalan como Pueblo Mágico. Porque últimamente, confiesa, ha disminuido la afluencia de turistas de dos o tres años para acá, además “anda el rumor de que Cuetzalan ya no es Pueblo Mágico”. Y quizá su inquietud responde a que desde el 2005 se le ha dado el apoyo al municipio de parte de la Secretaría de Turismo de manera intermitente, pero ello lo justifican con la nula afluencia de proyectos recibidos para ser patrocinados por el programa. Por su parte la Secretaria General del gobierno municipal se deslinda y dice que ellos “sólo se enteran, pero no son ni intermediarios”. Cuando que en varios puntos de las reglas de operación del programa Pueblos Mágicos, se exige la colaboración activa e incluso económica del gobierno municipal.

Al igual que al maestro Javier, al encargado de la Casa de Cultura de Cuetzalan del Progreso le interesa la procuración de la cultura, pero no sólo como un requisito para un programa, “es más, nosotros ni sabemos por qué es mágico, sólo disfrutamos de las tradiciones cada año”, dice a propósito Gregorio Méndez Nava.

Es cierto, Gregorio reconoce que a partir del reconocimiento de Cuetzalan como Pueblo Mágico ha cambiado la afluencia de turistas y con ello ha mejorado económicamente la localidad, pero ella “no depende del concepto”. Lo mágico, define, “es vivir las tradiciones, las costumbres, el dialecto… la gastronomía y su variedad de plantas”

Así, las personas reconocen vivir en lo mágico de su tradicionalidad, aunque sin necesidad de conocer un concepto de letras contadas, como lo han expresado la mayoría de los informantes. Por algo el primero es intangible, reconocible pero maleable, capaz de evolucionar. Por su parte, el segundo, delimitado por dos palabras: Pueblo Mágico, respaldado por su fuerza de coacción institucional tiene una ventaja fáctica con el propósito, y muy a pesar, de la trascendencia, la permanencia, hasta el extremo de la petrificación.

Pues, el programa ideado por la SECTUR que contiene a Cuetzalan como uno de los más exitosos casos registrados de Pueblos Mágicos, bien es cierto que ha traído beneficios económicos evidentes en los hechos y en las cifras, pero también es cierto que impone y difunde una forma de magia diferente. En donde, el único lazo conector entre ambas concepciones es la preservación de la cultura; pero, mientras unos viven preocupados por la limitación de ella a la que han sido sujetos, otros se preocupan por su petrificación para su exhibición y su venta.

Tanto es así que el programa Pueblos Mágicos no ha tomado mucho en cuenta más allá que la comodidad de los turistas: se procura porque estos pueblos no queden a más de dos horas de distancia de una ciudad, sin preocuparse en cambio por los comerciantes que tiene que caminar más dos horas para vender sus productos ahí; se preocupan por mantener las tradiciones a costa del desarrollo de ellas mismas; casi todo está pensado para los turistas (los productos, los precios, el servicio, incluso la educación), y no por ello deja de influir en la gente originaria del lugar.

La única manera en que se ha permitido cambien las costumbres es en su forma de percibirlas; cada vez más se dejan de hacer por la magia que son en sí mismas y se hacen para producir un supuesto efecto mágico que en ese esfuerzo se vuelve ficticio.

Vale la pena resaltar que en gran parte el desarrollo económico de Cuetzalan, en sus diferentes sectores, se depende de sus mujeres, que al parecer han cambiado su rol en la sociedad al ser el sustento de las familias; tal es el caso de la señora María de Jesús Bonifacio. Tema que escapó a este análisis, pero que bien puede servir de pie a otros.

Lamentablemente sólo hay cifras que dan cuenta del desarrollo económico y del progreso en la igualdad del lugar; ausencia de aquellas que demuestren qué ha pasado con los recursos destinados al programa y que ha dejado de aprovechar Cuetzalan por una supuesta falta de proyectos. Y menos, hay estadísticas que midan las consecuencias en las tradiciones y costumbres del “famoso” programa Pueblos Mágicos.

(Foto: Yadira García)

© 2009 - Ceske - Sjezdovky .cz.

Design downloaded from free website templates.